Todas las titulaciones universitarias comparten un conjunto de competencias transversales clave: compromiso ético, capacidad de aprendizaje y responsabilidad, trabajo en equipo, creatividad y emprendimiento, sostenibilidad y comunicación. Dentro de la capacidad de aprendizaje y responsabilidad, destaca la toma de decisiones, entendida como la capacidad de analizar alternativas, prever consecuencias y escoger racionalmente.
Esta competencia se considera esencial tanto para el desarrollo personal como para la empleabilidad, y requiere un diseño metodológico y de evaluación explícito. Diversos autores han profundizado en su naturaleza, destacando que es un proceso cognitivo, emocional y social, influido por factores internos y externos como la experiencia, las emociones, el contexto y la motivación.
En el ámbito educativo, la toma de decisiones es fundamental, ya que los profesionales deben afrontar situaciones complejas que afectan a múltiples agentes (alumnado, familias, equipos…). Sin embargo, existen obstáculos como la falta de autoconfianza, experiencia o claridad de valores, que pueden dificultar este proceso.
Para entrenar esta competencia, se propone el uso de la simulación como metodología docente. Esta permite anticipar situaciones reales, reflexionar críticamente (debriefing) y desarrollar habilidades técnicas y actitudinales. Estudios y experiencias muestran que la simulación, especialmente en entornos virtuales o mediante role-playing, es eficaz para mejorar la toma de decisiones en la formación inicial de los profesionales de la educación.
